[Fuente:http://www.lanacion.com.ar/1377743-la-igualdad-de-oportunidades-es-una-ficcion]
El sociólogo francés, autor de Repensar la justicia social, afirma que los sistemas escolares tradicionales aumentan la inequidad, y propone una completa reforma educativa
Cuando, hace diez años, François Dubet preguntaba a
sus estudiantes en Francia dónde estaban las desigualdades sociales más
graves, le respondían: "Entre los pobres; entre los obreros". Cuando
pregunta eso hoy, no dudan: "Entre las mujeres, los inmigrantes, los
jóvenes". La experiencia personal le sirve a este sociólogo francés para
ilustrar un cambio contemporáneo en la concepción de la justicia social
-de las reivindicaciones socioeconómicas a la lucha contra la
discriminación- que, afirma, está profundizando las desigualdades. En Repensar la justicia social
, que acaba de editar Siglo XXI, y que Dubet vino a presentar a la
Feria del Libro, el autor critica el concepto de igualdad de
oportunidades que impera hoy en el discurso hegemónico, como un modelo
que, al promover el mérito como condición para ascender socialmente,
transforma la sociedad en "muy violenta y muy poco solidaria". En
cambio, se pronuncia a favor de la "igualdad de posiciones", que busca
reducir las desigualdades en las condiciones de vida y acortar las
brechas sociales y económicas, una idea que, afirma, podría ayudar a la
"reconstrucción ideológica de la izquierda", al menos en su país.
Director
de estudios de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de
París, heredero de la sociología de Alain Touraine, Dubet es conocido
por sus trabajos en el campo de la educación. "La justicia de un sistema
escolar no está tanto en la cantidad de alumnos pobres que llegan a la
elite, sino en la calidad de la escuela de los alumnos más débiles",
afirma en diálogo con adn , y critica las políticas educativas
de mirada corta. "Los países que tienen buenos resultados son los que
han decidido reformar el sistema escolar completamente", asegura.
-Afirma en su libro que la igualdad de oportunidades descansa en una ficción.
-Decir
que somos libres e iguales es una ficción, y la igualdad de
oportunidades es indiscutiblemente una ficción. Es un principio de
justicia que individualiza a los actores y pone a todos en competencia, y
creo que no está bien construir una sociedad sobre un principio como
ése. Además, el logro del mérito puede incrementar considerablemente las
desigualdades sociales. En el fondo, el mérito no impide que los más
ricos tengan todo y que estemos convencidos de que lo merecen, así como
de que los pobres merecen la pobreza. Como estamos en una sociedad muy
individualista, capitalista y liberal, el principio de la igualdad de
oportunidades la transforma en muy desigual, muy violenta y muy poco
solidaria. Hoy la concepción de las desigualdades sociales en Estados
Unidos, Canadá y Europa está basada únicamente en la discriminación, es
decir, en los obstáculos al mérito. Es verdad, pero no hay que olvidar
que si un obrero está mal pagado no es porque no tenga mérito, sino
porque está siendo explotado.
-¿Hay alguna manera, dentro del
sistema capitalista en el que estamos, de encontrar un equilibrio entre
la igualdad y el mérito?
-Es verdad que estamos dentro de una
economía capitalista y en ella estaremos por un largo tiempo, pero el
capitalismo no determina la sociedad como una fatalidad. Canadá y
Estados Unidos tienen exactamente la misma economía capitalista, pero
las desigualdades sociales son dos veces menores en Canadá que en
Estados Unidos; la inseguridad no existe en Canadá; los canadienses
gastan menos que Estados Unidos en la salud y tienen mejor servicio; la
escuela canadiense es muy igualitaria, la escuela estadounidense no lo
es en absoluto. Lo que nos quieren hacer creer los liberales, de un
lado, y lo que en Francia se llama "la izquierda de la izquierda", por
el otro, es que hay una fatalidad capitalista, pero la historia social
muestra que no la hay. En el interior de las sociedades siempre hay
capacidad de acción.
- ¿Qué le critica a la igualdad de oportunidades?
-En
Europa y Estados Unidos hay un cambio de concepción de la justicia
social. Cuando se piensan las desigualdades en términos de
"patrón-obrero", se piensa en una desigualdad de posiciones sociales,
pero cuando se razona "mujeres, jóvenes, inmigrantes", como ahora, se
hace en términos de discriminación. Hemos luchado mucho contra la
discriminación de las mujeres y hemos logrado que las mejores mujeres
asciendan pero no hemos disminuido las desigualdades entre las
posiciones sociales. Si yo quisiera realmente reducir las desigualdades
entre mujeres y hombres, subiría los salarios de las cajeras de
supermercados, que son puestos femeninos en general. Hay pocos puestos
de jefe de Estado. Si la secretaria está bien pagada y nunca llega a
gerenta, es menos grave que si está mal pagada y nunca alcanza un puesto
gerencial.
-En general se afirma que la escuela puede cada
vez menos reducir las desigualdades sociales, pero usted dice que las
profundiza.
-Hay países como los escandinavos, los asiáticos,
Canadá, en cierta medida Inglaterra, en los cuales la escuela reduce
las desigualdades sociales. Y hay países en los cuales hay menos
desigualdad en la escuela que en el resto de la sociedad. Varios
factores lo explican. Primero, la repartición espacial de las
desigualdades sociales. En las ciudades donde los ricos y los pobres
viven separados, las desigualdades escolares prolongan las desigualdades
sociales: los más ricos van a las mismas escuelas, lo mismo ocurre con
los más pobres. Hay un factor político: los países que más reducen las
desigualdades sociales tienen una escuela común, no selectiva, entre los
5 y los 16 años. Y el tercer factor es que cuanto más decisivo es el
rol de los diplomas en el acceso al empleo, más fuertes son la
competencia social y las desigualdades escolares. Las buenas escuelas
son las que dedican más esfuerzo a los alumnos con más dificultades. La
justicia de un sistema escolar no está tanto en la cantidad de alumnos
pobres que llegan a la elite, sino en la calidad de la escuela de los
alumnos más débiles. La verdadera dificultad hoy es tener una pedagogía
individualizada. Los países con mejores resultados escolares son
aquellos donde los docentes consideran que la igualdad social no es
contradictoria con la individualización de los alumnos. Y los alumnos
que no han tenido éxito en la escuela deben poder beneficiarse con otros
tipos de formación. Cuando yo era chico, la escuela les decía a los
hijos de obreros que probablemente iban a ser obreros, pero que la
condición obrera iba a mejorar. Hoy se les dice que la situación obrera
es mala; que si tienen méritos, saldrán de ella, pero si no los tienen,
peor para ellos.
-Hoy hay un grave problema de deserción, sobre todo en la escuela media.
-En todo el mundo.
-Y hay quienes se preguntan por qué los chicos volverían a la misma
escuela que abandonaron si no se generan condiciones para que regresen.
-Creo
que el problema de la deserción, sobre todo en chicos a partir de los
12 o 13 años, debe hacer pensar por qué la cultura escolar parece no
interesar a los alumnos, por qué sienten que pueden acceder a mucha
información por sí solos. La escuela en este sentido es como la
religión: ha perdido poder de seducción. Por otra parte, estamos en una
sociedad que les dice a los alumnos que la escuela es indispensable para
tener éxito en la vida, y en cuanto un número de estudiantes entienden
que no van a lograrlo, no les interesa ir. Creo que hay que repensar
completamente la escuela porque, al menos en Francia, se ha transformado
en un espacio de competencia por tener trabajo. Hay dos peligros: el
primero es decir que, ya que la sociedad es desigual, capitalista,
egoísta, no hay nada que se pueda mejorar en la escuela, y la segunda es
imaginar que la escuela puede resolverlo todo. Pero hay escuelas
mejores que otras. Y no es solamente una cuestión de recursos.
-Aquí se destina mucho dinero para educación, pero los resultados no parecen acompañar esa inversión.
-En
Francia se ha dado mucho dinero para educación y los resultados no son
buenos, porque hemos retrasado la formación de los docentes y hemos
perdido el coraje de hacer reformas. Los países que obtienen buenos
resultados son los que han decidido reformar el sistema escolar. Hace
treinta años ni los países escandinavos, ni Canadá, ni Inglaterra tenían
buenos resultados, y empezaron de nuevo. Hace falta inteligencia,
capacidad política y un Estado capaz de hacerlo. Sacar a los mejores
alumnos de un barrio pobre y mandarlos a una buena escuela hace que las
condiciones sociales se degraden, porque en el barrio pobre sólo quedan
los peores alumnos. Se le hace justicia a un individuo, pero la justicia
individual se vuelve una injusticia colectiva, porque se incrementan
las distancias.
-La salvación individual no es la salvación colectiva, como usted escribió.
-Exacto.
Hay que razonar como se hacía hace un siglo con la tuberculosis. La
vencimos con vacunas pero fundamentalmente con agua corriente, buena
alimentación, mejoras en las condiciones de la gente. Hoy vuelve la
tuberculosis porque las condiciones de vida se degradan. Y creo que los
gobiernos han renunciado a reparar eso. En Francia, al menos, la gente
ya no cree que se pueda mejorar la sociedad, sino sólo el destino de
aquellos que lo merecen